Maellos Estrellanublada
Maellos
vivió durante muchos años en Baldur’s Gate, donde administró un tugurio de mala
muerte llamado El Jabalí Tuerto. Era un lugar de poca monta, sucio y decadente,
donde el maltrato formaba parte del menú y la miseria parecía ser otro de los
clientes habituales.
Maellos
tenía un don particular para las palabras. Sabía convencer, manipular y, cuando
era necesario, mentir. Se aprovechó durante años de los campesinos y
comerciantes que le proveían los suministros necesarios para fabricar una
cerveza que, al menos, podía considerarse decente. Prometía pagos que nunca
llegaban y favores que rara vez cumplía. Poco a poco, convirtió las deudas y la
necesidad de otros en la forma de mantener a flote su pequeño reino de madera
podrida.
UN
día salió para encontrar a sus mejores proveedores: un grupo de halflings con
quienes había hecho negocios durante años. Sin embargo, el viaje tomó un rumbo
diferente. Maellos descubrió el juego, y con él encontró una nueva forma de
perderlo todo. Bebida tras bebida, apuesta tras apuesta, comenzó a gastar
aquello que no tenía.
Cuando
finalmente regresó, sus deudas habían crecido hasta superar todo cuanto poseía,
con sus acreedores, no hubo negociación y no hubo segunda oportunidad. El
Jabalí Tuerto le fue arrebatado de la noche a la mañana, y con ese Halo de
esperanza con él desapareció la última cosa que Maellos podía llamar suya.
Pero
la pérdida no lo hizo entrar en razón. Por el contrario, terminó por quebrar
algo dentro de él. Siguió caminando, aferrado a la absurda esperanza de
encontrar a aquellos que alguna vez llamó amigos, convencido de que
alguno de ellos lo ayudaría a recuperar lo que había perdido. Cansado,
derrotado y prácticamente sin nada, un día llegó hasta la costa. Allí tomó una
decisión sencilla: dejarse caer en el mar y permitir que las aguas terminaran
aquello que él ya no tenía fuerzas para continuar. Unos pescadores lo
encontraron y lo rescataron. No por compasión, sino porque aún estaba vivo. Lo
llevaron hasta otro puerto y allí lo abandonaron a su suerte, en esa ciudad
humeante fue entonces cuando Maellos conoció a unos artistas ambulantes, Ellos
tampoco lo acogieron. No le ofrecieron un hogar, ni comida, ni un lugar junto
al fuego. Sin embargo, Maellos comenzó a seguirlos. No porque fueran buenas
personas. O porque jamás lo juzgaron. Sino por algo mucho más sencillo, esas actuaciones
con todos los cantos, las voces, las risas, los aplausos, creaban una emoción que
Maellos no sabía que conocía, durante unos instantes, aquellas personas
conseguían algo que Maellos había olvidado que existía: hacer que el mundo
pareciera menos miserable, o se sintiera más bello.
Maellos
camino varias semanas detrás de la caravana, a veces ayudaba con algún
desperfecto, a lavar trastes, o recuperar las cosas caídas, a veces desde lejos
veía cómo aquellos artistas conseguían arrancar sonrisas incluso de los rostros
más cansados. Hasta que un día el grupo continuó su camino y Maellos se quedó
atrás. Pero en ese recorrido algo se había quedado con él, fueron las
canciones, las risas, ese calor olvidado. Por primera vez en mucho tiempo,
Maellos comprendió que quizá no necesitaba recuperar el Jabalí Tuerto. Quizá
tampoco necesitaba recuperar la vida que había perdido, tal vez podría
construir otra, Pasó mucho tiempo intentando encontrar su propio estilo.
Aprendió canciones, contó historias, imitó voces y creó bromas que muchas veces
solo conseguían silencio. Fracasó muchas veces, una y otra vez.
Pero
continuó. No buscaba fama. No buscaba riquezas. Ni siquiera buscaba convertirse
en un gran artista. Solo quería conseguir, aunque fuera durante unos segundos,
aquello que aquellos artistas habían conseguido con él: Una sonrisa.
En
una noche de marpenoth cuando el cielo estaba cubierto de nubes y las estrellas
permanecían ocultas, en las calles recorría ese viento frio característico de la época, Maellos se encontraba en la entrada
del pueblo, debajo de una estatua vieja ya corroída por el tiempo y enfrente a
un pequeño grupo de personas, el simplemente comenzó a cantar, Después contó
una historia, Luego una broma y poco a poco las voces del público comenzaron a
mezclarse con la suya, y de repente unas risas por aquí, un aplauso por allá, por
primera vez, Maellos no estaba intentando recuperar su pasado.
Y
mientras la última canción se apagaba bajo aquel cielo sin estrellas, algo
dentro de él terminó de morir. Para finalmente algo nuevo despertar.
Aquella
noche no nació un gran artista, no nació un héroe, no nació un hombre nuevo, Despertó
Estrellanublada. Porque algunas estrellas no necesitan ser vistas para
existir. Algunas nacen precisamente cuando el cielo se cubre de nubes.

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